Necesitamos talento técnico, es un hecho. A pesar de todo lo que se habla sobre la destrucción de puestos de trabajo por la automatización o las altas tasas de paro por ejemplo en nuestro país, hay puestos de trabajo que no se consiguen cubrir.  Hay quien los cuantifica en más de 100.000. Y no es sólo un problema de España, es un problema global que, además de ser frustrante para aquellos que buscan trabajo y no pueden acceder a él, amenaza con ralentizar la revolución tecnológica que está viviendo nuestra economía.

Por una parte, hay empresas dispuestas a dar trabajo a personal cualificado y formado en tecnología e innovación. Sobre todo en áreas como la programación, el internet de las cosas, big data y ciberseguridad. Son empresas tecnológicas y también empresas tradicionales que están transformando sus procesos para ser más competitivos.

Por otro, hay oportunidades de crear nuevas empresas y colaborar al cambio. En la sociedad del conocimiento, un equipo y una formación sólida son claves para creara negocios de futuro. Y por último, tenemos una ciudad como Salamanca con una larga tradición de gran curiosidad intelectual y una envidiable calidad de vida. Y una tradición humanística que tiene mucho que aportar a la revolución tecnológica.

Por eso y porque queremos que Salamanca mire a éste futuro que está tan próximo, ponemos en marcha esta escuela de tecnología. Queremos formar a los profesionales que demandan las empresas, para que éstas puedan nacer, establecerse y crecer en Salamanca. Queremos servir de puente entre nuestras reputadas instituciones educativas y las empresas para adaptar las competencias que se imparten a las que se exigen. Queremos crear una comunidad que ponga en valor la calidad de vida de Salamanca.

Es un plan muy ambicioso, pero estamos todos en el mismo barco.